El Perdón – ¿Por qué Deberías Perdonar?

El Perdón – ¿Por qué Deberías Perdonar?

el perdón

El perdón.

 

Una simple palabra que cuesta integrar en la vida real.

No porque conlleve un proceso complejo, sino porque implica disociarse del Ego.

Un Ego que te impide acercarte a aquellas personas que te quieren, pero también a las que han hecho algo que te ha dolido. Aislándote de todo el mundo.

Aunque, principalmente, te va a aislar de ti. Pues todo comienza por…

Perdonarse a Uno Mismo

perdonarse a si mismo

Te cuesta perdonar a los demás porque todavía no te has perdonado a ti.

Efectivamente, suena paradójico tener que perdonarse a uno mismo cuando se Cree que han sido los demás los causantes de tu Sufrimiento exclusivo.

Esa es la visión que siempre se nos ha enseñado: una en la que hay víctimas y perpetradores.

Una visión donde ni siquiera hace falta un juez objetivo y justo. Ya que la propia víctima remplaza a éste desde su subjetividad altamente sesgada e impulsada por la emocionalidad.

Pero lo cierto es que tomarse las cosas como algo personal y con la capacidad de hacernos Sufrir es el origen de todas estas actitudes, las cuales conducen a una visión distorsionada de la realidad.

Porque, en el fondo, nadie tiene el poder de hacerte Sufrir sin tu consentimiento.

Y quizás consideras que esto último es una tontería sin sentido, hasta que entiendes que:

 

El Dolor es Inevitable, el Sufrimiento es Opcional.

 

De esta manera, no pasa nada porque transites un periodo de duelo debido a que cierta situación te esté afectando de más. Eso es algo totalmente aceptable y normal.

Lo que no lo es, es utilizar esa misma situación como combustible de tus sentimientos negativos. Generando un bucle de retroalimentación destructivo que consiga de todo menos que superes la situación y obtengas aprendizajes valiosos de ella.

Por eso es imprescindible saber perdonarse. Porque solo permitiéndolo será como consigas evitar el Sufrimiento, transformándolo en motivación para superarte.

Así, podrás pasar a tomar consciencia de cuál es tu papel en las diferentes relaciones que experimentas, y cómo puedes perdonarte a ti mismo a través de…

Perdonar a los Demás

perdonar a los demás

El perdón es una elección consciente que te libera de la carga emocional que puedas arrastrar.

Muchas personas ven el perdón como un signo de debilidad. Creen que perdonar a alguien significa otorgarles permiso para que hagan lo que quieran con ellos.

Pero esto no puede estar más lejos de la realidad. Ya que perdonar es algo que, según el principio del egoísmo altruista, se hace principalmente en busca del propio beneficio, no en el de la persona que ha participado en nuestro Dolor.

No se puede negar que cuando otra persona propicia nuestro Dolor, ya sea de manera intencional o no, experimentamos una amplia gama de emociones negativas. Emociones que pueden ser abrumadoras y tener un impacto negativo en nuestra salud física y mental.

Aun así, eso no justifica de ninguna manera que alberguemos deseos de venganza o rencor en nuestro interior. Ya no solo porque traten de generar más Dolor, sino porque es más fácil que los afectados de ellos volvamos a ser nosotros mismos.

 

Cuando internalizamos una experiencia desagradable y ponemos a una persona externa como la responsable última de ella perdemos el control sobre la narrativa.

Haciendo esto, quedamos desprovistos de decidir por nuestra cuenta y basamos nuestros juicios y acciones en función de lo que pretenda el otro o por lo que se mueva.

Si está feliz queremos que no lo esté justificando que nosotros no lo estamos, como si fuésemos un niño pequeño que no tiene un juguete. Si está normal seguimos queriendo que experimente nuestra miseria. Y si está igual de mal o peor (aunque subjetivamente no lo veamos) nos dará igual y querremos lo mismo, lo que indica que seguimos encerrados en nuestro Sufrimiento.

Por el contrario, si decidimos perdonar, todo el control volverá inmediatamente a nuestra mano.

¿Por qué? Porque perdonarnos a nosotros mismos sobre lo que ha pasado nos hace salir de ese bucle de victimización y Sufrimiento autodestructivo. Porque tenemos el poder de perdonar al otro a pesar de lo que haya hecho, y seguir decidiendo cómo nos vamos a relacionar con él. Y porque perdonando retomamos el control sobre nuestra energía.

Consiguiendo, en vez de resignarnos, llegar a la…

Aceptación

El perdón no significa olvidar lo que nos ha dolido ni justificar lo que otra persona pudo hacer.

El perdón es simplemente esa elección consciente que hacemos para liberarnos de la carga emocional que llevamos y reemprender contacto sobre nuestra realidad.

Poniéndolo en práctica dejamos de hacer que los otros sean los dueños de nuestros sentimientos y aceptamos nuestro papel totalitario e irremplazable sobre ellos.

Y nos damos cuenta de que los demás no tienen poder sobre cómo nos sintamos a menos que se lo permitamos.

Así, somos más cautos a la hora de relacionarnos con distintas personas y aceptamos cómo nos podemos sentir con cada una. Tratando de arreglar los diferentes conflictos que surjan asertivamente, desde nuestra integridad.

La comunicación pasa de ser un externo “tú me hiciste…” a un interno “me sentí… cuando tú…”.

Haciéndonos responsables de cómo nos sentimos ante la actitud de otra persona, conseguimos la madurez necesaria para comunicarle nuestras necesidades y entender empáticamente las suyas. No juzgándole, sino actuando con comprensión.

Lo importante no es decir o no decir a la otra persona explícitamente “perdón”, eso es secundario y en la mayoría de las ocasiones un mero formalismo. Sino perdonarnos a nosotros mismos para poder dejar de sentir resentimiento ante su persona y poder seguir a gusto con nuestra vida.

Pues, de no hacerlo, ya no nos estaremos preocupando de lo que nos pase a nosotros (algo probablemente condicionado por ese Dolor), sino también de lo que le esté pasando al otro.

Y tanto si éste está bien como si está mal, su situación nunca llenará el vacío que el no querernos y perdonarnos a nosotros mismos dejará en nuestro interior.

 

Perdonar no significa dejar que los demás te pisoteen o hagan lo que quieran contigo, con la mentalidad de que vas a dejarles pasar lo que sea.

Perdonar implica hacer un acto de empatía en el que reconoces la mentalidad y condiciones que pudieron llevar a cierta persona a emprender una acción que a ti te generó Dolor.

Para así poder juzgarlas sin juicios personales, de manera objetiva, y ajustar tus decisiones y posturas futuras en correspondencia.

Pudiendo elegir cómo te comportarás ante esa persona en adelante, o si siquiera lo harás. Para que ninguno de los dos siga recibiendo un daño que pueda impulsar esas conductas.

Dejando finalmente de lado el rencor y consiguiendo…

Trascender

Superar lo pasado con resiliencia y no culpar a nadie por ello es una hazaña difícil si tenemos en cuenta el condicionamiento social que la mayoría de nosotros hemos recibido.

Prueba de ello es la relación que muchos hijos comparten con sus progenitores, donde en vez de darles gracias por, como diría Joan Garriga, las monedas que les han ofrecido, les culpan por no haberles dado otras o porque no les agrada las que les han dado.

Como ya empezaste a ver en este artículo, y probablemente veas más en detalle en posteriores, los padres constituyen un modelo de conducta muy fácil de imitar o repudiar.

Al fin y al cabo, son las personas con que más tiempo se pasa en la infancia, donde se asientan los comportamientos.

Lo que lleva a ser en un futuro como ellos, y de forma inconsciente caer en sus mismos errores. O, por el contrario, convertirse en lo opuesto no porque sea lo que internamente se desea, sino como acto de venganza por no saber perdonarles.

 

Son en esos momentos donde, si uno pone en práctica el perdón de forma genuina, todas las emociones negativas que almacene se desvanecerán por la carencia de sentido que tiene mantenerlas a largo plazo.

No solo eso, sino que liberándonos de toda la carga que supone convivir con esos sentimientos poco beneficiosos para nadie, toda la vida se hará más llevadera, y más fácil será derivar la energía a tareas productivas.

Por lo que adoptando esa actitud positiva y trabajando en la propia autoestima conseguimos perdonar, y sentirnos más seguros y competentes con el camino que hayamos decidido transitar.

Además, las relaciones que compartamos se verán beneficiadas de esta postura de aceptación y asertividad. Siendo menos propensas a tener conflictos graves y a resolverlos más eficientemente en caso de encontrarlos, ya que la comunicación será mucho más respetuosa y empática.

La confianza ahora será una parte importante sobre la que no se depositará el odio en caso de que se rompa. Al contrario, servirá como los cimientos de una empresa que, independientemente de que evolucione bien o mal, ya no juzgarás, pues será un simple aprendizaje más.

 

Practicar y cultivar el perdón es un proceso que puede parecer arduo al principio porque implica renunciar a ciertos impulsos que imitan darnos un móvil sobre el que actuar.

Pero haciéndolo uno se da cuenta de la nimiedad y energía que supondría mantener el resentimiento en el tiempo. Así como la variedad de puertas que se abren ante sí al hacerlo, puertas que conducen a relaciones más sostenibles tanto con los demás como con uno mismo.

Y recuerda, si en estos momentos de tu vida contienes una lucha interna por perdonar a alguien que Crees culpable de tu Sufrimiento: No perdones por esa otra persona, sino por ti mismo.

Cómo decidas actuar ante ella a partir de ahora devendrá de lo que verdaderamente sientas cuando lo hagas libre de culpa y juicios.

Porque, de forma inevitable…

 

Lo que perdones, te perdonará. Lo que no perdones, no lo hará.

 

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